La respiración sobre el valle, acompañada por el silencio y los dulces ruidos de la naturaleza, devuelve la quietud del alma o su viaje continuo; el cuerpo se relaja, la mente se aquieta, todo se convierte en contemplación o energía. Los lugares alrededor de la casa acompañan a sentir: la piscina invita a sus aguas frescas abriendo la vista sobre el valle; en la glorieta se escuchan los sonidos del viento, del bambú colgante, de los pájaros en los árboles; descendiendo entre los campos se encuentra la tierra, con sus robles dispersos y las perspectivas sobre las colinas; el fuego está feliz de ser encendido entre las piedras o en los braseros. En este lugar la sanación interior es una invitación a regresar a uno mismo, a reescuchar el corazón y la piel, los sueños pensados o los deseados, la dulzura y la fuerza como talentos del alma, la propia dimensión interior. La energía que se recupera con una sauna o un masaje (un recorrido de sanación específico o la relajación en la piscina) se toma ante todo de su fuente primaria: la tierra y sus elementos. Una flor será para nosotros ocasión de intercambio, la cocina un buen placer de la mesa.
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