El Alto Valle del Tíber ocupa el extremo norte de Umbría, entre la Toscana y las Marcas. Las colinas boscosas que se extienden entre Gubbio y Città di Castello están ligadas a la recolección de la preciada trufa blanca, cuya temporada en Umbría va del último domingo de septiembre al 31 de diciembre. En otoño, tres localidades del recorrido le dedican ferias-mercado. El resto del año, el itinerario atraviesa fortalezas e iglesias parroquiales medievales y ciudades de arte, tras las huellas de Federico da Montefeltro y del joven Rafael.
Gubbio se encarama con sus casas de piedra gris a las laderas del Monte Ingino. El centro de la ciudad es la Piazza Grande, una plaza colgante sostenida por arcadas, a la que se asoma el Palacio de los Cónsules. Construido entre 1332 y 1349 aproximadamente, el palacio lleva sobre la portada el nombre del arquitecto Angelo da Orvieto. Desde 1909 alberga el Museo Cívico, que conserva las Tablas eugubinas: siete tablas de bronce con inscripciones en lengua umbra, fechadas entre los siglos III y I a.C. y grabadas en parte con el alfabeto umbro y en parte con el latino. El municipio las compró en 1456.
Más arriba se encuentra el Palacio Ducal, que Francesco di Giorgio Martini reconstruyó para Federico da Montefeltro, nacido en tierras de Gubbio el 7 de junio de 1422. El studiolo de taracea del duque, realizado entre 1478 y 1482, está en el Metropolitan Museum de Nueva York desde 1939; en el palacio se expone una copia hecha en 2009.
El teleférico de Colle Eletto, en funcionamiento desde 1960, sube en unos seis minutos hasta los 803 metros y lleva a los visitantes en pequeñas cestas abiertas hasta la zona situada bajo la basílica de Sant'Ubaldo. Aquí llegan a la carrera, cada 15 de mayo, los tres Ceri, protagonistas de la fiesta de la ciudad. En la ladera del monte se enciende además, cada 7 de diciembre desde 1981, el gran árbol de Navidad luminoso, de unos 750 metros de altura, que entró en el Guinness de los récords en 1991.
Entre finales de octubre y principios de noviembre, la Piazza Quaranta Martiri acoge la Feria-Mercado de la Trufa Blanca y de los Productos Agroalimentarios, una cita que se celebra desde hace más de cuarenta años.
Veintitrés kilómetros de carretera sinuosa hacia el norte llevan a Pietralunga, a 566 metros de altitud, sobre la cresta que baja hacia el torrente Carpinella. Hacia el siglo VIII los lombardos construyeron aquí una fortaleza para controlar las rutas entre Arezzo, Città di Castello y Gubbio. Hoy queda su torreón pentagonal, en la plaza principal.
El territorio de alrededor incluye unas 3900 hectáreas de terrenos públicos, con el Oasis del Candeleto y el Museo Ornitológico Silvio Bambini. En octubre, durante dos fines de semana, el pueblo acoge la Feria-Mercado de la Trufa Blanca y de la Patata, que en 2026 llega a su trigésima novena edición. Es la primera de las tres ferias de la trufa del itinerario, y en ella la trufa comparte protagonismo con la patata de Pietralunga.
A doce kilómetros del centro se alza la Pieve de' Saddi, en el lugar donde la tradición sitúa el martirio de san Crescenciano, ocurrido en 303 bajo el emperador Diocleciano. La iglesia data aproximadamente del siglo VII y conserva un bajorrelieve del siglo VIII que representa al santo matando a un dragón. Las reliquias del mártir se trasladaron a Urbino en 1068.
De las colinas se baja hacia la llanura del Tíber. Città di Castello es el centro principal del Alto Valle y su ciudad de arte. El campanario cilíndrico de la catedral, de los siglos XI-XII y 43,5 metros de altura, es uno de sus elementos más reconocibles.
El Palazzo Vitelli alla Cannoniera, construido entre 1521 y 1532, alberga la Pinacoteca municipal. Entre sus obras más importantes figuran el Estandarte de la Santísima Trinidad de Rafael, el Martirio de san Sebastián que Luca Signorelli pintó en 1498 y un relicario que Lorenzo Ghiberti realizó en 1420.
Rafael trabajó de joven en Città di Castello. El Retablo Baronci, encargado el 10 de diciembre de 1500 para la iglesia de Sant'Agostino, se considera su primera obra documentada. Los desposorios de la Virgen, firmados en 1504 y hoy conservados en la Pinacoteca de Brera, se pintaron en cambio para la iglesia de San Francesco.
En la ciudad nació también Alberto Burri, en 1915. Sus obras se exponen en dos sedes: el Palazzo Albizzini, abierto en 1981, y los Ex Seccatoi del Tabacco, inaugurados en 1990 en los edificios que antes servían para secar el tabaco cultivado en el valle.
Sigue viva la tradición artesanal de la Tela Umbra, fundada en 1908 por Alice Hallgarten y Leopoldo Franchetti, donde todavía se teje a mano en telares de finales del siglo XIX. Entre finales de octubre y mediados de noviembre, la ciudad acoge el Salón Nacional de la Trufa Blanca Preciada, repartido en tres fines de semana.
Catorce kilómetros más al norte, Citerna se alza sobre una colina a 480 metros de altitud, cerca del límite con la Toscana. Conocida como la terraza del Alto Valle del Tíber, forma parte de los Pueblos más Bonitos de Italia.
A lo largo de las murallas discurre un camino de ronda medieval cubierto, con una galería de arcos abierta al valle. La iglesia de San Francesco guarda una Virgen con el Niño de terracota policromada atribuida a Donatello y fechada hacia 1415-1420. Redescubierta a principios de la década de 2000, la obra pasó por una larga restauración en el Opificio delle Pietre Dure de Florencia antes de volver a Citerna en 2012.
Dieciséis kilómetros más al sur, a 688 metros de altitud, Monte Santa Maria Tiberina domina el valle desde lo alto. Durante siglos fue un pequeño Estado autónomo, gobernado por la familia Bourbon del Monte desde el siglo XI. Sus señores lo convirtieron en un marquesado con estatuto y moneda propios, que siguió siendo autónomo hasta 1815, cuando, tras el Congreso de Viena, el territorio pasó al Gran Ducado de Toscana.
En el pueblo se conservan el palacio de los marqueses, del siglo XVI, y la iglesia parroquial románica de Santa Maria. El templo guarda una cripta con las sepulturas de los Bourbon del Monte y una Virgen de madera del siglo XIV. En los alrededores se encuentra también el castillo de Lippiano.
La carretera vuelve a bajar hacia el Tíber y sube de nuevo hasta Montone, que figura entre los Pueblos más Bonitos de Italia y tiene la Bandera Naranja del Touring Club Italiano. El pueblo está ligado a la familia Fortebracci, a la que pertenecía el condotiero Braccio da Montone, nacido en Perugia en 1368 y muerto en L'Aquila en 1424 a consecuencia de una batalla.
El Museo Municipal de San Francesco conserva el Gonfalón de la Virgen de la Misericordia de Bartolomeo Caporali, fechado en 1482, un Descendimiento de madera del siglo XIII y los frescos del ábside que Antonio Alberti da Ferrara realizó entre 1422 y 1424.
La reliquia de la Santa Espina, que la República de Venecia donó a Carlo Fortebraccio, hijo de Braccio, se expone el lunes de Pascua y durante la fiesta de agosto, cuando también se disputa el palio de los tres barrios. Montone acoge además el Umbria Film Festival, del que el director Terry Gilliam es presidente honorario.
Nueve kilómetros valle abajo, a orillas del Tíber, se encuentra Umbertide. Hasta 1863 el pueblo se llamaba Fratta: el nombre actual recuerda a los hijos de Uberto, a quienes la tradición atribuye la reconstrucción del lugar, y rinde homenaje al príncipe Humberto de Saboya.
La fortaleza, construida entre 1374 y 1389, alberga hoy el Centro de Arte Contemporáneo. La iglesia de Santa Croce, convertida en museo, conserva el Descendimiento de Luca Signorelli, pintado en 1516 y todavía en el lugar para el que se realizó.
A poca distancia se alza Santa Maria della Reggia, cuyas obras empezaron en 1559. El edificio tiene planta octogonal por fuera y circular por dentro. Al sur del pueblo se encuentra la abadía camaldulense de San Salvatore di Montecorona, que según la tradición fundó san Romualdo a principios del siglo XI. La cripta, de cinco naves, conserva columnas de época romana y altomedieval, todas distintas entre sí.
De Umbertide a Gubbio quedan unos treinta kilómetros: así el circuito vuelve al punto de partida.
Un circuito de unos 140 kilómetros une Gubbio, ciudad natal de Federico da Montefeltro, con el valle donde el joven Rafael realizó algunas de sus primeras obras documentadas. Por el camino aparecen bosques ligados a la recolección de la trufa, fortalezas medievales, obras de arte y un pueblo que en el pasado fue un pequeño Estado autónomo.
El circuito se recorre en tres o cuatro días, con tiempo para visitar museos, iglesias y cascos históricos. En temporada, la trufa blanca se degusta en láminas sobre tagliatelle, huevos y tostas. Alojarse en un agroturismo entre Gubbio, Umbertide y Città di Castello permite recorrer la zona con calma y, en otoño, combinar el viaje con las ferias-mercado de la trufa.
Quien quiera seguir hacia las Marcas puede continuar con el itinerario El Ducado de Urbino, viaje al Renacimiento.