Entre Ortona y Vasto, cuarenta y dos kilómetros de costa adriática han quedado fuera del cemento: acantilados, calas de guijarros, pinares y los trabocchi, las máquinas de pesca de madera tendidas sobre el agua que Gabriele d'Annunzio describió como "una araña colosal". El viejo trazado del ferrocarril adriático, abandonado tras el traslado de la línea hacia el interior, se ha reconvertido en la Via Verde: un carril ciclista y peatonal llano que une siete municipios a ras de mar. Siete etapas con una abadía benedictina levantada sobre un templo de Venus, dos reservas naturales regionales, un santuario mariano del siglo XVI y la cocina de mar del Vastese.
El viaje arranca en el puerto más grande de la costa de Chieti. Desde el 6 de septiembre de 1258 la catedral de San Tommaso Apostolo custodia las reliquias del apóstol Tomás, traídas de Quíos por el capitán ortonés Leone Acciaiuoli: la ciudad es desde entonces meta de peregrinación. Sobre el mar se alza el castillo aragonés, de planta trapezoidal con cuatro torres cilíndricas, levantado a mediados del siglo XV y mutilado en 1943. Entre el 21 y el 28 de diciembre de aquel año la ciudad fue destruida casa por casa en la batalla entre alemanes y canadienses; el cementerio de guerra del Moro River, a las afueras, conserva más de 1.600 tumbas. En Ortona Lido empieza la Via Verde.
Diez kilómetros más al sur, bajo el promontorio de Capo Turchino, está el trabocco más conocido de los Abruzos. Es el Turchino de El triunfo de la muerte: d'Annunzio pasó el verano de 1889 en la ermita de Portelle, justo encima, y de aquella estancia nació la novela publicada en 1894. Propiedad municipal desde 1981, el Turchino no es un restaurante sino un monumento visitable con reserva, restaurado tras su candidatura a los "Lugares del Corazón" del FAI. La costa que lo rodea alterna acantilados bajos, gravas y olivares que bajan hasta la orilla.
El pueblo está a 155 metros sobre el mar, ceñido por las murallas medievales, y pertenece al club de los pueblos más bellos de Italia. Abajo se abre el tramo más recortado de todo el itinerario: las playas de La Foce y del Cavalluccio, ambas Bandera Azul, solo se alcanzan a pie o en bicicleta desde la Via Verde. El término municipal cuenta con siete trabocchi — Punta Cavalluccio, Punta Torre, Spezzacatena, La Foce, Punta Isolata, Valle Grotte y Punta Tufano — y varios funcionan como restaurantes con reserva, con una carta dictada por la pesca del día. En el interior inmediato se cultivan la uva Montepulciano y la aceituna Gentile di Chieti.
En una colina de 107 metros, con la fachada vuelta hacia el Sangro, se alza la abadía de San Giovanni in Venere. El nombre revela la estratificación: los frentanos veneraban aquí a Venus Conciliatrix, protectora de la familia, y en el siglo VI se levantó sobre el templo pagano un oratorio dedicado al Bautista. Trasmondo, conde de Chieti, mandó reconstruir iglesia y monasterio en 1015; en 1165 el abad Oderisio II dio al edificio su forma actual, uno de los primeros ejemplos de gusto cisterciense en los Abruzos. Se conservan el portal de la Luna en piedra tallada, la cripta de tres ábsides con frescos del siglo XIII y un claustro asomado a los olivares y al mar.
Pasada la desembocadura del Sangro se entra en la reserva natural regional Lecceta di Torino di Sangro, creada en 2001: 175 hectáreas de encinas y quejigos sobre el mar, uno de los últimos bosques costeros del Adriático. Alberga la población de tortugas terrestres más numerosa de los Abruzos y se recorre por senderos de acceso libre, entre ellos el que baja a los trabocchi y el que lleva al Sangro River War Cemetery, donde reposan los caídos de la Commonwealth en la línea Gustav. Bajo la reserva, la playa de Le Morge alterna guijarros y monte mediterráneo.
Tierra adentro, a pocos minutos de la costa, se levanta el santuario de la Madonna dei Miracoli, nacido de la aparición del 11 de junio de 1576 al campesino Alessandro Muzio, de Pollutri, tras una granizada que había arrasado las cosechas. La peregrinación de junio sigue siendo la más concurrida de la zona y entró en la literatura: d'Annunzio la visitó en 1889 e hizo de ella uno de los capítulos más duros de El triunfo de la muerte. La marina, con playa de arena y pinar, cierra el tramo más llano de la Via Verde antes de la desembocadura del Sinello.
La última etapa atraviesa la reserva natural de Punta Aderci, primera área costera protegida de los Abruzos (1998): 285 hectáreas desde la playa de Punta Penna hasta la desembocadura del Sinello, con el promontorio, la grava de Mottagrossa y el faro de Punta Penna, de 70 metros, el segundo de Italia después de la Lanterna de Génova. El casco histórico de Vasto ocupa una terraza natural: el palacio d'Avalos, residencia de los marqueses hasta 1806, acoge los museos cívicos y los jardines napolitanos abiertos al golfo, y la logia Amblingh recorre el borde. A la mesa llegan el brodetto alla vastese, cocido en cazuela de barro sin dar la vuelta al pescado, y la ventricina del Vastese, Baluarte Slow Food.
La Via Verde es casi enteramente llana y asfaltada: se recorre en bicicleta en una jornada, o en dos con calma, y es apta también para familias. Algunos tramos cortos siguen en obras y se desvían por la carretera ordinaria. Mayo, junio y septiembre son los mejores meses: mar practicable, poca gente, temperaturas adecuadas para pedalear; julio y agosto, a primera hora del día. Los trabocchi-restaurante trabajan de abril a octubre y hay que reservarlos con días de antelación. Quien viaja en coche tiene la nacional 16 paralela a la costa, con bajadas señalizadas hacia las calas.
Detrás de la costa el terreno sube enseguida a colinas de olivares, viñedos de Montepulciano d'Abruzzo y Trebbiano y campos de hortalizas: ahí están los agroturismos, a pocos minutos del mar y de la Via Verde, con precios más contenidos que los hoteles del litoral. Muchas explotaciones producen aceite de oliva virgen extra, vino y conservas, y la cocina une la pesca con la tradición campesina — pasta alla chitarra, pallotte cacio e ova, verduras de temporada. Varias estructuras prestan bicicletas para llegar al carril y organizan visitas al molino de aceite en la época de la recogida, entre octubre y noviembre.